Sigue lloviendo en Campanar. Qué fastidio. Al menos empezamos la sesión con ilusión, recogiendo un montón de tarjetas rellenadas con datos de vecinas y vecinos que puedan contarnos más sobre el barrio o darnos alguna pista de Rovelló, nuestro pequeño lagarto extravíado.

-«¡La panadera lo saben todo del barrio!»

El encierro sube el nivel de energía del grupo y aprovechamos para confeccionar nuestros propios cuadernos de exploración con una encuadernadora, papel y cartoncillo. Lo decoran con interés. Lo hacen importante. No es una libreta cualquiera, es SU libreta. Hecha a mano, desde cero.

Aún llueve, pero no podemos aguantarnos las ganas de salir a explorar aunque sea un poquito. Cogemos paraguas, un carro para llevarnos nuestros cuadernos y otros utensilios y salimos de expedición.

El grupo va entusiasmado. Hacen miles de fotos. Recogen muestras naturales. Observan todo con sus lupas. Nos empiezan a contar cosas.

-«Esa casa en construcción, será la mía dentro de poco».

No nos olvidamos de Rovelló, es un lagarto bebé y por eso puede estar escondido en cualquier agujerito, por pequeño que sea. Campanar es muy grande, pero la esperanza de encontrarlo también lo es. Aunque llueve un poco, conseguimos colgar algunos de los carteles… ¡Puede que tengamos suerte!

Qué agradable sensación el agua sobre nuestras cabezas. Son unas pocas gotas. No nos frenarán. Damos una vuelta y llegamos al Pouet. ¿Qué es eso?… Una capilla y una calle más antigua rodeada de edificios tremendos… Habrá que investigar.

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