Hay que recuperar todo el tiempo perdido por culpa de la lluvia. En las siguientes sesiones seguimos explorando la parte antigua y conversando con el vecindario.

Uno de los encuentros que mayor interés suscitó fue con las chicas del Forn de Manuela, un horno centenario, ¡abierto desde 1822!… Hay muchas preguntas y Amparo nos atiende maravillosamente, nos habla de las especialidades de su familia, las cocas que hacen exclusivamente para las fiestas del barrio en febrero… ¡Nos regala unos rollitos de anís!… Que no duran nada en la bolsa…

De allí nos dirigimos a los descampados… Que hay bastantes en el barrio, especialmente entre la zona antigua y la nueva… ¿Qué podrían hacer aquí?. Llenamos la acera con nuestras propuestas dibujadas en tiza: un centro informático infantil, un centro de rescate de animales… M. prefiere dibujar un felpudo a la vecina.

Aprovechamos cualquier espacio peatonal para sacar nuestros diarios y seguir rellenándolos. L. lo lleva constantemente en la mano y aprovecha que nos paramos a hablar con el nonagenario Miguel o con el mecánico para dibujar al natural, apoyada en cualquier sitio.

En la siguiente sesión exploramos la zona de edificios altos y grandes avenidas. El contraste es brutal. Campanar es un barrio que es pueblo y ciudad al mismo tiempo… y… ¡tambien campo!.

A un lado queda algo de huerta a reivindicar y conservar… Al otro el Parque de Cabecera que bien merece una exploración al detalle. Allí encontramos patos, tortugas ¡y hasta conejos!… Pero ¿y Rovelló?… Pues sigue sin aparecer, pero empezamos a pensar que quizá no tenga intención de hacerlo. Aquí tiene todo lo que necesita para vivir plácidamente.

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